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Diario Elffuss · 13 de septiembre de 2026

El correo que empieza con «Gracias por habernos acompañado»

A Bea le apagaron la herramienta con la que trabajaba desde hacía tres años. Le dieron veintiún días y un zip que no sabía abrir.

IA local · en tu GPU · Apache-2.0local · en el navegador

El correo le llegó un martes por la mañana, entre una factura y una newsletter que no recordaba haber pedido. Empezaba así: «Gracias por habernos acompañado en este viaje». Dos párrafos más abajo estaba lo que importaba: el 30 de junio apagaban los servidores.

Bea lleva las actas de una asociación cultural de barrio. Nada épico: grabar la reunión del jueves, sacar los acuerdos, redactar el acta para el lunes y, una vez al año, pelearse con la memoria de una subvención. Llevaba tres años haciéndolo con la misma herramienta y se la sabía de memoria.

Le dieron veintiún días y un botón de exportar. El botón funcionaba, para ser justos: le devolvió un zip con cientos de ficheros en un formato que entendía, precisamente, la herramienta que iban a apagar.

Lo que se apaga cuando se apaga un servidor

Lo primero que perdió fue la costumbre. Tres años de pequeños trucos, de saber dónde hacer clic sin mirar, de tener el acta lista antes de cenar. Eso no se exporta. Ahora tocaba empezar de cero en otro sitio, cruzar los dedos y esperar que ese otro sitio durase más.

Pero lo que la dejó pensando fue otra cosa. En esas actas hay nombres de vecinos, la bronca por las obras del portal, el asunto del señor del tercero que dejó de pagar la cuota. Todo eso llevaba tres años viviendo en un lugar que Bea no había visto nunca, y ese lugar se estaba vendiendo por piezas. No tenía a quién preguntarle dónde acababa.

Una página no cierra

Elffuss no es un servicio con clientes. Es una página web. La abres, el modelo se descarga una vez y a partir de ahí trabaja en la GPU de tu propio equipo. No hay cuenta que crear, no hay plan que renovar y no hay servidor que apagar, porque no hay servidor. El código es abierto, con licencia Apache-2.0: si mañana nos cansamos y desaparecemos, la página que ya está en tu disco sigue haciendo exactamente lo mismo.

Y de ahí cae lo demás por su propio peso. Si nada sube, no hay nada que exportar antes de una fecha límite. El acta del jueves está donde estuvo siempre: en el portátil de Bea. Lo mismo si redacta, si traduce la memoria de la subvención o si le pide a Claw que le resuma una grabación larga. No hay migración pendiente, no hay «descarga tus datos antes del 30», no hay una carpeta con su nombre en la base de datos de alguien.

«No quiero volver a mudarme», dice. Y tiene razón: el problema no era que la herramienta fuese mala. Es que no era suya.

Ábrelo en el navegador y pruébalo con lo que tengas delante ahora mismo: funciona en tu propio equipo, sin cuenta, y lo que escribas no sube a ningún sitio.

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nada de esto se sube a ningún sitio