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Diario Elffuss · 15 de septiembre de 2026

El capítulo nueve todavía no está para enseñárselo a nadie

Nuria lleva cuatro años escribiendo sobre su abuela. Quería una segunda opinión sin que el borrador saliera de su ordenador.

IA local · en tu GPU · Apache-2.0local · en el navegador

Nuria tiene sesenta y tantos y lleva cuatro años con lo mismo: una novela sobre su abuela, que salió de un pueblo de Teruel en 1951 con una maleta y un nombre apuntado en un papel. Va por el capítulo nueve. El nueve es el que no le sale.

Lo que quería era razonable: que alguien le dijera si el capítulo se sostiene, si el salto de veinte años se entiende, si la abuela suena a persona o a personaje de misa mayor. Lo que no quería era enseñárselo a nadie. A su hija no, porque su hija sale ahí dentro. Al taller de escritura tampoco: son ocho y una habla mucho. Y a una web de esas de registrarse y aceptar, todavía menos.

No hace falta tener un secreto

Hablamos de privacidad como si fuera cosa de gente con algo que esconder: contraseñas, contratos, historiales médicos. Pero la mayor parte de lo que no enseñamos no es peligroso ni comprometido. Es que no está listo. Un borrador, una carta a medio escribir, una idea que aún no aguanta que la miren de frente. Nuria no tiene miedo de que le roben la novela; tiene el pudor normal de quien enseña algo cojo.

Y ese pudor decide mucho más de lo que parece. Es la razón por la que tanta gente no le pide ayuda a una IA: no porque desconfíe del algoritmo, sino porque pegar tu capítulo nueve en la web de una empresa es una decisión, y a las once de la noche uno no está para tomar decisiones.

Lo que hizo

Abrió Claw en el navegador, como quien abre cualquier página. El modelo se descarga una vez y a partir de ahí trabaja con la tarjeta gráfica de su propio equipo. Sin cuenta, sin correo de verificación, sin nada que enviar a ninguna parte. Pegó el capítulo y preguntó.

A mitad de la conversación se cayó el router del bloque —cosa que pasa— y ella no se enteró hasta un buen rato más tarde, cuando fue a mirar otra cosa y no había internet. La conversación seguía tan tranquila. Ese es el detalle que luego contaba con más gusto: que no se enteró.

Con las demás pasa lo mismo, porque están hechas igual:

Todo en abierto, con licencia Apache-2.0, y sin cuota que se agote a mitad de mes.

Me dijo que el capítulo empieza dos páginas tarde. Tenía razón, oye. Y no se ha enterado nadie más.

Eso último no es un añadido simpático. Es el producto entero.

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